sábado, 7 de abril de 2018

Declaración final

Hoy ha tenido lugar en Roma la tan esperada conferencia titulada Iglesia católica, ¿adónde vas? El evento fue inspirado por el fallecido cardenal Carlo Caffarra, uno de los cuatro cardenales de las Dubia, que falleció en el mes de septiembre pasado. Al final de la conferencia, se ha emitido una Declaración final en nombre de los participantes, tanto clérigos como laicos, reafirmando la doctrina infalible de la Iglesia sobre cuestiones morales como el matrimonio y los actos intrínsecamente malvados, y respondiendo así a las cinco Dubia originales que, 18 meses después de haber sido entregadas por primera vez, siguen sin ser atendidas por el Papa Francisco.

La importancia de la Declaración radica en el hecho de que ha sido publicada en la presencia solidaria de los cuatro principales prelados que han levantado sus fuertes voces de resistencia católica contra la confusión y el error difundidos por el Papa Francisco, a saber: el cardenal Walter Brandmüller , el cardenal Raymond Burke, el cardenal Joseph Zen y el obispo Athanasius Schneider. También se ha presentado un breve vídeo-mensaje del cardenal Carlo Caffarra. 



Declaración final de la conferencia 
Iglesia Católica, ¿adónde vas?

Roma, 7 de abril de 2018


Debido a las interpretaciones contradictorias de la Exhortación Apostólica Amoris laetitia, el descontento y la confusión se están extendiendo entre los fieles de todo el mundo.

La solicitud urgente de una aclaración presentada al Santo Padre por, aproximadamente, un millón de fieles, más de 250 eruditos y varios cardenales no ha recibido respuesta.

En medio de este grave peligro para la Fe y la unidad de la Iglesia, nosotros, miembros bautizados y confirmados del Pueblo de Dios, estamos llamados a reafirmar nuestra Fe católica.

El Concilio Vaticano II nos autoriza y nos anima a hacerlo, cuando indica en Lumen Gentium, nº 33: «De modo que cada laico, en virtud de los dones que le han sido otorgados, se convierte en testigo y, simultáneamente, en vivo instrumento de la misión de la misma Iglesia "en la medida del don de Cristo" (Efesios 4, 7 ).»

El Beato John Henry Newman también nos alienta a hacerlo. En su ensayo profético Sobre la consulta de los fieles en asuntos de doctrina (1859), habló de la importancia de los laicos que dan testimonio de la Fe.

Por lo tanto, de acuerdo con la tradición auténtica de la Iglesia, testificamos y confesamos que:

1) Un matrimonio ratificado y consumado entre dos personas bautizadas se puede disolver sólo con la muerte.

2) Por lo tanto, los cristianos unidos por un matrimonio válido que se unen a otra persona mientras su cónyuge aún está vivo cometen el grave pecado de adulterio.

3) Estamos convencidos de que éste es un mandamiento moral absoluto que obliga siempre y sin excepción.

4) También estamos convencidos de que ningún juicio subjetivo de conciencia puede hacer que un acto intrínsecamente malo sea bueno y lícito.

5) Estamos convencidos de que el juicio sobre la posibilidad de administrar la absolución sacramental no se basa en la imputabilidad del pecado cometido, sino en la intención del penitente de abandonar una forma de vida que es contraria a los mandamientos divinos.

6) Estamos convencidos de que las personas que están divorciadas y se han vuelto a casar civilmente, y que no están dispuestas a vivir en continencia, están viviendo en una situación que es objetivamente contraria a la ley de Dios y, por lo tanto, no pueden recibir la Comunión eucarística.

Nuestro Señor Jesucristo dice: «Si permanecéis en mi palabra, sois en verdad discípulos míos, conoceréis la verdad, y la verdad los hará libres» (Jn 8, 31-32).

Con esta confianza, confesamos nuestra Fe ante el pastor supremo y maestro de la Iglesia junto con los obispos, y les pedimos que nos confirmen en la Fe.



Fuente: One Peter 5


jueves, 15 de marzo de 2018

En la fiesta de nuestro padre San Raimundo

En este día de nuestro santo patrón compartimos un fragmento de la biografía escrita por Jerónimo Mascareñas (1611 - 1672), caballero de Calatrava, capellán de la reina Mariana de Austria y tutor del príncipe Carlos (futuro Carlos II). Mascareñas fue nombrado obispo de Segovia por Clemente IX, sede que ocupó felizmente en 1668 hasta el final de su vida.



Murió Raimundo el año de mil y ciento y sesenta y tres. El día de su muerte no se sabe de cierto, y esto dió ocasión a Arnoldo Ubión para ponerle en los Santos añadidos al Martirologio, de quien no se sabe el propio día. Mejor Hugo Menardo puso el día quince de marzo, porque ya que no su muerte, se celebrase de cierto su traslación. Fray Crisóstomo Enríquez en su Menologio le pone el día primero de febrero, y no dice la causa. Alberto Mireo no señala día, y engáñase cuando, citando al Arzobispo Don Rodrigo, dice que está juntamente enterrado con él, siendo que el cuerpo del Arzobispo está en el convento de Huerta. 

Fue sepultado en la Villa de Ciruelos, donde le tuvieron siempre en reputación de Santo; e hizo Dios por su siervo muchos milagros, sanando por su intercesión enfermos de enfermedades incurables, teniéndole en toda aquella comarca en suma devoción y reverencia. Ahora, aunque no está allí el cuerpo, veneran los de aquella tierra su antiguo sepulcro, y tienen larga experiencia de que tocando las campanas de la iglesia, cuyas sogas dan en la sepultura donde estuvo el siervo de Dios, en tiempo de nublados, truenos y borrascas serena en aquella parte milagrosamente el cielo, y jamás se han visto daños de rayos, piedra ni granizo la veces que con tiempo acuden a pedir su favor, y a tañer sus campanas.

Parroquial de Ciruelos (Toledo),
donde estuvo el sepulcro del santo
hasta su traslado a Montesión.
Fuente: Buscando Montsalvatge.

Estuvo el bendito cuerpo en este lugar muchos años, sin que fuesen bastantes diligencias algunas para obligar a los de Ciruelos a que le diesen a la Orden de Calatrava, cuyo fundador era, ni a los monjes de San Pedro de Gumiel, ni de Fitero, que con instancia le pedían, hasta que el año de 1471 el doctor Don Luis Núñez de Toledo, Arcediano de Madrid y canónigo de la Santa Iglesia, por concesión del papa Paulo II, y por virtud de su Bula, le hizo trasladar a Nuestra Señora de Monte Sión, convento de la Orden de Císter, llamado comúnmente de San Bernardo de Toledo, media legua extra muros de la misma ciudad, a una capilla que él fundó, intitulada de la Visitación de Nuestra Señora. (...) Y luego que llegó el cuerpo al convento, fue puesto en su capilla, (...) donde con gran decencia se puso en una urna, y todos los monjes de esta casa son testigos de muchos y grandes milagros que Dios ha obrado por intercesión de su siervo.

Aquí se mostraban las santas reliquias a personas de mucha autoridad, con grande reverencia. Y siempre sentían los que se hallaban presentes  ―abriéndose la urna― una gran fragancia del cielo, que les mostraba y hacía confesar no ser de cosa humana ni de olores aromáticos: clara señal de aquella pureza que el varón de Dios conservó intacta. Aun entre los hedores de la muerte da olor el lirio de la castidad. Débese, sobre el orden de la naturaleza, semejante prerrogativa a los castos, que despreciando los placeres corruptibles vivieron vida sobrenatural. 


Reliquia del santo conservada en Ciruelos.
Fuente: Buscando Montsalvatge.

sábado, 10 de marzo de 2018

La valiente resistencia de las Hermanitas de María



Las Hermanitas de María, Madre del Redentor, asentadas en Saint-Aignan-sur-Roe (diócesis de Laval, Francia), están siendo perseguidas por su obispo, el liberal Thierry Scherrer, según informó el 27 de febrero riposte-catholique.fr.

Las Hermanitas administran cuatro hogares para ancianos y anteriormente sirvieron también en la casa del obispo. Fueron fundadas en 1939 por la madre Marie de la Croix y en los años conciliares adoptaron el Novus Ordo Missæ. El obispo Scherrer considera ahora, sin embargo, que las Hermanitas son demasiado conservadoras por el hecho de haber decidido, durante su Capítulo general celebrado en el 2012, volver al hábito original y vestir de nuevo la genuina toca barbada. Parece ser, además, que su espíritu contemplativo y reparador encrespa el talante progresista del prelado, en plena sintonía con el pontificado actual.

Mas esta conducta no acaba de entenderse si no se mencionan los turbios intereses que subyacen en el fondo. A causa de una fusión de los hogares de ancianos, ahora Scherrer es miembro de la junta de gobierno de la asociación civil que los administra. Sin experiencia en el tema, impuso decisiones administrativas desoyendo el consejo de los expertos. Y al verse contrariado por la oposición de las religiosas, ordenó una visita canónica, cuyos resultados fueron determinados de antemano.

Scherrer consiguió involucrar a la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada, que suspendió el Capítulo de las Hermanas y exilió a la superiora general y a la maestra de novicias de la comunidad. Entonces fueron impuestos tres comisarios apostólicos liberales, es decir, tres religiosas de otras congregaciones con un espíritu totalmente opuesto. El caso recuerda demasiado a la intervención y progresiva destrucción de los Franciscanos de la Inmaculada.

Pero las Hermanitas decidieron, por unanimidad, impedir la entrada a las tres comisarias, y han apelado a la Signatura Apostólica romana, en valiente resistencia contra el ataque de la hidra liberal.



Sor Clemencia de la Santísima Trinidad en su profesión solemne.

Las Hermanitas sor María de San Pablo (izquierda)
 y sor María del Rosario (derecha).

viernes, 16 de febrero de 2018

Cuaresma 2018 / tiempo de conversión

Capítulo IX del Discurso de la Verdad, compuesto por el venerable don Miguel Mañara, caballero de la Orden de Calatrava y Hermano Mayor de la Santa Caridad sevillana. 


Antonio de Pereda: Alegoría de la vanidad.
 
Museo de Historia del Arte, Viena

Vio en el desierto un santo solitario a un hombre, que había hecho un haz de leña para llevarle a cuestas, y vio que probó a subirlo sobre los hombros, y no podía; y el remedio que buscó fue hacer más leña, con que acrecentó la carga, y menos podía subirla. Se reía el santo ermitaño de la locura de este hombre, hasta que le dijo un ángel:

—Más locos son los hombres que dejan para mañana su conversión. No pueden hoy levantar su corazón a Dios con la grave carga de sus pecados, y esperan a mañana, con muchos más, levantarse más ligeros.

Los más de los hombres de este miserable siglo no se acuerdan de volverse a Dios, si no es cuando el mundo los deja, y entonces, a más no poder, lo hacen, porque con la muerte los deja el tiempo. 


Tarde acordó Faraón, rey de los egipcios, a conocer a Dios en el mar Bermejo: arrepentido quiso volver atrás, pero las aguas le embarazaron el camino y quedó muerto en ellas (Ex 14). Las vírgenes necias (Mt 25, 1-13) tarde aparejaron sus lámparas, por lo cual se quedaron fuera. 

En la apretura y riguroso trance de la muerte, de maravilla se halla buena disposición: cosa es muy rara que tenga contrición verdadera el que antes no la tuvo. El santo rey David dice (salmo 6): «No hay quien se acuerde en la muerte de Vos». Pues, ¿quién se acordará? «El que vive, Señor, el que vive», responde el rey Ezequías en su cántico (Is 38, 19)no el que está agonizando con dolores, ansias y desventuras.

Acuérdate de tu criador en el tiempo de la juventud —dice el sabio— antes que se oscurezca el sol de tu entendimiento y las estrellas de tus sentidos. No seas como el otro ignorante, que cuenta el cardenal Belarmino, que a la hora de la muerte pedía a grandes voces tiempo para hacer penitencia, y oyeron los que le ayudaban a bien morir una tenebrosa y espantosa voz que le decía:

—Necio, ¿ahora que el sol se pone pides tiempo de penitencia? ¿Qué hacías cuando te alumbraba todo el día?

Y en estas miserables congojas dio su alma a los demonios. Bien parece ser falsa la penitencia de los tales, pues en sanando vuelven a sus vicios. La necesidad les fuerza a que digan las verdades, no la buena voluntad. Son como los ladrones, que no confiesan sus delitos sino a puros tormentos, cuya confesión no los libra de la pena, antes les da la muerte. 

Cornelis Norbertus Gysbrechts  (Amberes, 1630 - 1675)

sábado, 10 de febrero de 2018

Oficio de Santa Escolástica, Virgen

En el día de su fiesta, reiteramos la traducción de las cuatro lecciones del Oficio de Santa Escolástica, Virgen, y las ilustramos con dos grabados de la edición de los Diálogos impresa en Roma en 1579. Sus autores son el pintor Bernardino Passeri y el grabador Aliprando Caprioli Trentino. Esta impresión fue promovida por el Procurador General de la Congregación de San Benito de Valladolid, en Roma, Fray Juan de Guzmán, con censura de su Padre General, Fray Cristóbal de Agüero.

Pudo más porque amó más.
De los Diálogos de San Gregorio Magno, papa.
(Libro 2, caps. 33 y 34)

Escolástica, hermana de nuestro padre San Benito, dedicada desde su infancia al Señor todopoderoso, solía visitar a su hermano una vez al año. Para verla, el hombre de Dios descendía a una posesión del monasterio, situada no lejos de la puerta del mismo. Cierto día vino Escolástica, como de costumbre, y su venerable hermano bajó a verla con algunos discípulos, y pasaron el día entero entonando las alabanzas de Dios y entretenidos en santas conversaciones. Al anochecer, cenaron juntos.



Con el interés de la conversación se hizo tarde y entonces aquella santa mujer le dijo: «Te ruego que no me dejes esta noche, para que sigamos hablando de las delicias del Cielo hasta mañana». A lo que respondió San Benito: «¿Qué es lo que dices, hermana? No me está permitido permanecer fuera del convento». Y la piadosa mujer, al oír la negativa de su hermano, cruzando sus manos, las puso sobre la mesa y, apoyando en ellas la cabeza, oró al Dios todopoderoso.

 Al incorporarse, comenzó a relampaguear, tronar y diluviar de tal modo, que ni el venerable Benito ni los hermanos que lo acompañaban pudieron salir del lugar.

En efecto, mientras tenía la cabeza apoyada en las manos había derramado sobre la mesa tal río de lágrimas, que trocaron en lluvia la serenidad del cielo.

Viendo el hombre de Dios que, en medio de aquella tormenta, no era posible regresar al monasterio, entristecido, empezó a quejarse diciendo: «Que Dios te perdone, hermana. ¿Qué es lo que acabas hacer?» Respondió ella: «Te lo pedí, y no quisiste escucharme; rogué a mi Dios, y escuchó. Ahora sal, si puedes, despídeme y vuelve al monasterio».

San Benito, que no había querido quedarse voluntariamente, no tuvo, al fin, más remedio que permanecer allí. Y así pudieron pasar toda la noche en vela, en santas conversaciones sobre la vida espiritual, quedando cada uno gozoso de las palabras que escuchaba a su hermano.

No es de extrañar que la mujer fuera más poderosa que el varón, ya que, como dice Juan: Dios es amor, y con razón pudo más la que amó más.



A los tres días, San Benito, mirando al cielo, vio cómo el alma de su hermana salía de su cuerpo en figura de paloma y penetraba en el cielo. Gozándose con ella de tan gran gloria, dio gracias al Dios todopoderoso con himnos y cánticos, y envió a unos hermanos a que trajeran su cuerpo al monasterio y lo depositaran en el sepulcro que había preparado para sí.

De esta manera, ni la tumba pudo separar los cuerpos de aquellos cuyas almas habían estado siempre unidas en el Señor.

Oración

Te rogamos, Señor, al celebrar la fiesta de santa Escolástica, Virgen, que, imitando su ejemplo, te sirvamos con un corazón puro, y alcancemos así los saludables efectos de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo.